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Lo que callaste en cada sílaba

Diálogo con la Carta Magna

Oh “Carta Magna” como aquí es costumbre llamarte de vez en cuando, aunque no falten quienes prefieren el término Ley Fundamental o Ley Madre; otros en efecto, te denominan Constitución. Todos estos nombres son tuyos. No obstante, prefiero dirigirme a ti en este nuestro diálogo de “Tú” y llamarte “Madre” ya que dices que todos estamos o, mejor dicho, deberíamos estar bajo tu responsabilidad, cosa que aprecio bastante.

El hecho de que decidiera dialogar contigo es debido a muchas razones, y pienso que, si entablamos esta conversación desde la sinceridad, me habrás ayudado a entender muchas verdades aunque duelan.

Empecemos por cómo te definen los que dicen saber mucho de ti. De entre las tantas interpretaciones, muchos simplistas han llegado a la conclusión de que eres “la expresión de la voluntad del pueblo”. Y me cuestiono, y te pregunto: En el caso de Guinea Ecuatorial, ¿tú eres realmente la expresión de nuestra voluntad?

Tendrás tu respuesta, pero en mi humilde opinión lo dudo mucho, ¿sabes por qué? Porque pienso que uno no puede aprobar algo sin saber qué aprueba, y en tu caso, muchos de los que lo hicimos en referéndum el 13 de noviembre 2011 con el 97,7% de votos a favor de la siquiera te habíamos visto. En periodismo decimos, el que carece de información, carece de opinión: una verdad irrefutable. ¿Cómo pedir que te aprobemos, si te presentante de repente y sólo nos habían hablado de las nuevas instituciones que habías incorporado como el Defensor del Pueblo, el Senado, el Tribunal de Cuentas (que ojalá hiciera su trabajo), sin decirnos si tenías algún lado oscuro? Aquí empieza mi disgusto contigo. Y a partir de aquí, permíteme definirte, no como la expresión de la voluntad popular, sino más bien, como la expresión de la voluntad de ELLOS. Por eso habrás oído decir, “el que hizo la ley, hizo la trampa”. Claro está, sólo una persona que carece de sentido común aceptaría aprobar una trampa sabiendo que sería la primera presa. Y para que veas, aquí empieza, mi querida Madre mi preocupación hacia ti. Pero para serte sincero, mi mayor inquietud no es tanto lo que dices, sino más bien el hecho de que no conseguimos hacer lo que nos pides en nuestra vida diaria, es decir, no ponemos en práctica muchos de tus preceptos.

Señora Ley Fundamental, si no es mucho pedir, me gustaría que empezáramos a analizar los artículos 1, 5 y 13 que he escogido para este diálogo:

En el artículo 1, inciso 2, dices: “Se reconoce el pluralismo político”. A lo mejor el equivocado en esta conversación sea yo, pero ¿qué significa para ti el famoso pluralismo político? ¿Que sólo haya una formación política o que haya muchas? Entiendo que el pluralismo implica muchos o muchas. Ahora bien, quiero pensar que con eso nos reconoces el hecho y el derecho de que aquí cada uno pueda formar parte de la formación política que quiera, siempre y cuando se identifique con ella, pero que en ningún caso debiera suponer un problema para quien así lo decidiera. Es más, hablar de pluralismo político implica la diversidad de planteamientos de los diferentes actores sociales, cuyo único propósito es servir al Estado, o dicho de otra forma hacer distintas propuestas para lograr un objetivo común: desarrollar la nación. Pero cada uno con planteamientos diferentes, planteamientos que a mi juicio van paralelos. Y precisamente por esta razón se legalizan muchos partidos políticos en este país. Pero mi malestar nace de que a pesar de que reconozcas este famoso pluralismo político, seguimos matándonos los unos a los otros por el mero hecho de formar parte de un determinado partido político, hasta el extremo de que familias enteras se han venido abajo porque unos son verdes, otros amarillos y otros violetas. Y ante la actitud fanática de cada bloque por pensar que son los mejores o los que deben imponer su voluntad, y los que no la aceptan a plantar ajos, pues estamos como estamos: un totum revolutum. Un caos. Y tú, Carta Magna, ante esta lamentable y desgarrada situación, te callas y no dices ni ¡mu!

No te enfades, mi Señora Ley Fundamental si quiero seguir con nuestro diálogo, creo que tengo derecho a expresarme libremente, a no ser que me salgas con tus canastas. En tu artículo 5 hablas de los fundamentos de la sociedad guineoecuatoriana y dices que son entre otros:

  • El respeto a la persona humana, a su dignidad y libertad y demás derechos fundamentales;

  • La protección de la familia, célula básica de la sociedad guineoecuatoriana

  • .

  • La protección del trabajo a través del cual el hombre desarrolla su personalidad…

Vayamos punto por punto.

Dices que es fundamento en nuestra sociedad el respeto a la persona humana, a su dignidad, etc. ¿Estás segura? Yo no. Créeme que aquí, hablar de respeto a una persona, a su dignidad en esta sociedad donde se cosifica al ser humano, donde las cosas materiales valen más que la vida de la persona es pura demagogia; ya no hablo de la protección de la familia y del trabajo ¡Por amor de Dios! Fíjate bien cómo están nuestras familias, si realmente tienen esa protección de la que hablas; ya no digamos de la protección del trabajo. Aquí sí que hay que matar muchas moscas. ¿Protección del trabajo? Puede que eso fuera antes, pero me gustaría que tú hicieras una encuesta para saber cuántos, no sólo no han sentido, sino que no han tenido la protección debida en sus trabajos porque aquí, una cosa es lo que dices y otra muy diferente la interpretación que cada uno hace de tus líneas. Pero no te engañes, la responsable de todo eres tú, Madre.

Nada que objetar, querida Carta Magna de tu artículo 13, que recoge un elenco de derechos y libertades que nos asisten. Aunque a veces pienso que eres muy inteligente porque sabes cómo burlarte de nosotros. Veamos qué recoges en algunos principios del mencionado artículo:

Art. 13. Todo ciudadano goza de los siguientes derechos y libertades:

b) A la libertad de expresión, de pensamiento, ideas y opiniones;

k) A la libre asociación, reunión y manifestación…

Gozar del derecho a la libertad de expresión es una utopía en esta sociedad. Los periodistas solemos evocar a menudo sin mucho éxito este artículo en el ejercicio de nuestra profesión, pero desgraciadamente, seguimos sin ser capaces de expresarnos con absoluta libertad, ya que nuestros pensamientos e ideas están condicionados. Llegados a este punto, me gustaría citar algunos ejemplos: hace no mucho tiempo que un periódico se había retirado de los quioscos porque contenía una entrevista que se hizo a un compañero de profesión en la cual opinaba sobre la situación actual de la libertad de prensa en Guinea, cosa que enfadó bastante a los que dicen ser guineanos de primera clase. Entonces, te pregunto Madre Carta Magna, ¿en qué consiste pues, la libertad de expresión y pensamiento para ti?

Qué decir del encarcelamiento a los pobres artistas que con sus canciones exteriorizan sus sentimientos, preocupaciones, etc. Si miento pregúntaselo al joven artista Jamin Dogg, quien al igual que otros tantos, fue encarcelado por haber compuesto una canción sobre la situación de los taxistas en Guinea. De nuevo, te pregunto, ¿cuáles son tus fundamentos de la libertad de expresión? En este caso, mi querida Carta Magna, preferiría que nos dieras un manual de instrucciones en el que se reflejen las cosas que debemos decir y que constituyen la auténtica libertad de expresión y las que no, para no vulnerar este derecho. Y para tu información, quiero recordarte que la libertad de expresión y de opinión es la piedra angular sobre la que se asientan todos los demás derechos y libertades reconocidos en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Así dejaríamos de jugar al escondite, que no creo que nos lleve a nuestro auténtico destino.

Bueno, para no agobiarte, ya que hay muchas cosas que comentar, hablemos del derecho a la libre asociación, reunión y manifestación, etc.

Los partidos políticos son asociaciones de personas, digo bien partidos políticos, en plural. ¿Qué tiene de malo pues, que uno quiera afiliarse a alguno de ellos? Entonces, ¿debería la gente seguir matándose, envenenándose, diciéndose “babuladas” por ser de un bando u otro? Si no es así, ¿por qué no pudiste decir lo contrario en lugar de enmascarar un derecho que para ponerlo en práctica debe costar la vida, además de destruir familias enteras y terminar con grandes amistades? ¿Qué deberíamos pensar del derecho a la manifestación? ¿Cuáles están permitidas y cuáles no?

El año 2017 ha terminado y ha marcado un hito en nuestra sociedad. En mayo, los taxistas en Malabo decidieron parar su actividad por razones justificadas y hoy en día ¿cuál ha sido el resultado? ¿No debieron ejercer sus derechos? Y lo aberrante es que algunos derechos y libertades los reflejas directamente y otros dices, “habrá que elaborar otras leyes para que puedan aplicarse”. Por ello, te pregunto ¿quién será el santo que se encargue de ello?

Se me saltan las lágrimas cuando me doy cuenta de lo ambigua que eres, Madre. No te veo firme y transparente y eso me preocupa. Hay tantas cosas en ti que me gustaría cuestionar, pero como soy guineano de la clase menos valorada, como aquí se dice a menudo en nuestros medios de comunicación “la clase más desfavorecida”, prefiero dejarlo aquí, pero termino diciendo:

Te digo bien querida Madre Carta Magna, mi malestar contigo no es tanto tu contenido, sino más bien la aplicabilidad del mismo. No obstante, eres un ser que aprecio bastante y espero que puedas decidir entablar siempre diálogos con todos tus hijos desde la sinceridad.

Gracias Madre por dejarme hablarte con toda sinceridad.

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